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Hoja Informativa: Asedio y cierre
  • El asedio y cierre en los Territorios Palestinos Ocupados (TPO), que se ha reforzado dramáticamente por parte del ejército de ocupación israelí desde octubre del 2000, ha situado a los tres millones de palestinos en una serie de cárceles colectivas, a unos niveles nunca alcanzados desde 1967 (ni siquiera durante la primera Intifada). Israel ha impuesto el cierre de todas las fronteras internacionales, aislando Gaza y Cisjordania de Israel, de los países vecinos o del Jerusalén Este ocupado. Además ha impuesto un cerco a las ciudades, pueblos y campos de refugiados palestinos, restringiendo dramáticamente la libertad de movimientos en el interior de los Territorios Palestinos Ocupados. Además el ejército con frecuencia impone el toque de queda a las comunidades palestinas durante sus incursiones a zonas bajo control exclusivo de la ANP o en el sector de la ciudad de Hebrón controlado por Israel, todo ello como una forma de arresto domiciliario colectivo.

  • En Cisjordania, los puestos de control y barricadas en las carreteras han aislado cada una de las aldeas y campos de refugiados, creando así al menos 64 fragmentos aislados, mientras que la Franja de Gaza se ha dividido en tres o cuatro zonas. Las restricciones a la libertad de movimiento tiene un impacto directo en cada una de las actividades económicas y sociales de la vida: los negocios, el sistema escolar o sanitario y las Instituciones de la Autoridad Nacional Palestina. Las personas tienen que enfrentarse a numerosas dificultades para visitar a sus familiares (especialmente si están detenidos en cárceles israelíes), los estudiantes no pueden ir a las escuelas (o se encuentran aislados de sus familias y hogares), el acceso a los lugares de culto está restringido, los pescadores no pueden comerciar sus pescas. Por encima de todo ello, los palestinos se ven sometidos de manera rutinaria a tratos degradantes y humillantes en cada uno de los puestos de control, son amenazados por armas de fuego, violencia verbal, registros corporales y arbitrarias prohibiciones de desplazamientos.

  • Los asedios y cierres tienen un impacto devastador en la economía, especialmente porque hay una gran dependencia de los TPO de la economía israelí que ha sido potenciada por los sucesivos gobiernos israelíes desde 1967 (el 95% de las exportaciones palestinas van a Israel). Los ingresos provenientes de los aproximadamente 120.000 palestinos que trabajaban en Israel antes del inicio de la Intifada al-Aqsa, aproximadamente el 25% de la renta laboral de la economía palestina, se ha evaporado.

  • Las restricciones a la libertad de movimientos internos, ha supuesto así mismo un trastorno enorme para cualquier tipo de negocio, y los niveles de pobreza y desempleo se han incrementado a límites dramáticos (50% y 39.8%, respectivamente).  Durante los últimos cuatro meses del año 2000, la economía palestina se contrajo un 50%, a consecuencia, fundamentalmente de la política de cierres y asedios.[1]
     

  • El cierre es una forma de castigo colectivo, y por ello está prohibido por la ley internacional humanitaria.[2] Incluso si dichas medidas se suavizaran, hay que tener presente que el cierre, como tal, es ilegal.

  • Los soldados israelíes de los puestos de control con frecuencia impiden o dificultan la evacuación de enfermos y heridos a los hospitales palestinos, violando, así, la legislación humanitaria internacional. Durante la Intifada al-Aqsa, 27 palestinos han muerto como consecuencia de habérseles negado el acceso a la atención médica por parte del ejército de ocupación israelí.[3] En muchos casos las muertes han ocurrido después de que los soldados israelíes han detenido, en los puestos de control, a enfermos en estado crítico durante varias horas, y estando a muy corta distancia del hospital.

  • Los TPO han sufrido diversas formas de cierre desde 1967.  La introducción de una tarjeta magnética a finales de los años 80, indicó un reforzamiento dramático de los cierres internos y externos. Un sistema complicado y a menudo arbitrario de permisos se comenzó a desarrollar a lo largo de la década de los 90, haciendo que tanto los contactos como la cooperación entre israelíes y palestinos fuera más difícil durante el “Proceso de Paz”

 

[1] Para ampliar la información sobre el impacto de los cierres en la economía palestina, ver informes de la Oficina del Coordinador Especial de Naciones Unidas  (UNSCO), www.unsco.org.

[2] “No será castigada ninguna persona protegida por infracciones que no haya cometido ella misma” (Artículo 33, Cuarta Convención de Ginebra).

[3] Entre el 28 de septiembre del 2000 y el 29 diciembre del 2001.

La zona de Gaza más duramente castigada por los cierres es al-Mawasi, una zona agrícola de gran fertilidad al sur en la zona, entre Khan Yunis y Rafah. En al-Mawasi  viven 8.000 personas, la mayoría de ellos pescadores y agricultores que viven bajo un sistema de apartheid de facto en los límites de un bloque de asentamientos israelíes ilegales. Está completamente cerrado al exterior excepto por dos puestos de control a través de los cuales sólo los residentes pueden entrar. Sólo pueden entrar a pie, durante las horas del día, en pequeños grupos y con frecuencia soportando tratos degradantes y humillaciones en los puestos militares. Ni las ambulancias, ni los parientes de los residentes de esta zona pueden entrar. En el interior, una amplia y bien asfaltada carretera para los colonos, discurre en paralelo con los senderos reservados para el uso de la población palestina. Verjas eléctricas y patrullas militares separan el asentamiento de la comunidad palestina. La tierra que pertenecía a varios de los agricultores de la zona ha sido requisada ilegalmente para uso de los colonos, que, con frecuencia, atacan y hostigan a los residentes palestinos y destruyen sus campos e invernaderos. Cuatro puestos de control militar regulan los movimientos internos en al-Mawasi.